ROSA IMELDA DE LA MORA ESPINOSA
Desde el psicoanálisis se vislumbra la erótica en su exquisita singularidad; en lo que corresponde a Sacher-Masoch, se recupera la nominación que él mismo hace de su erótica como Übersinnlicher, ultrasensual o hipersensual, a la vez sensual y sensible; erótica que consiste en ser humillado, sobajado, ultrajado, golpeado, pero, luego de todo eso, culminada siempre en momentos de ternura, de amor, de éxtasis sexual. Se aborda desde lo que en psicoanálisis se conoce como fábrica de caso/caso en fabricación, fundamental para ello son los testimonios del sujeto, afortunadamente contamos con los testimonios publicados de Sacher-Masoch, particularmente sus dos autobiografías y La Venus de las pieles y El amor de Platón. Se incluyen testimonios de sus esposas: Aurora Rümelin, quien tomó el seudónimo Wanda von Sacher-Masoch, y Huida Meister.áEl psiquiatra vienés Krafft-Ebing toma el apellido materno de Sacher-Masoch para nominar el masoquismo, dicha nominación se hizo en vida de él ocasionando una generalización imprecisa de su erótica y su inclusión en la psicopatología. Freud hace su muy particular lectura del masoquismo sin recuperar a Sacher-Masoch. Lacan sí recupera a Sacher-Masoch y problematiza lo enigmático del masoquismo y cómo apunta a la angustia del Otro.áDe este modo se desprende que Sacher-Masoch no era masoquista, únicamente su erótica hipersensual era singular. Una cosa es ser un sujeto barrado, castrado, y así hacerse cargo de su erótica y las consecuencias que de ella derivan, y otra cosa muy diferente es padecer en vida un funesto destino de generalización, de normativización de su erótica y paulatinamente ir pasando al olvido como escritor, y simultáneamente su epónimo pasó a la psiquiatría, a la psicología, al psicoanálisis y al vulgo.