Y hasta cuando llegó el viaje a Zimbabue no me había percatado de que en el mundo existían también otros ritmos, otros días, otras formas de ser. Pero tampoco había perdido a nadie hasta ese momento ni tampoco sabía que cuando uno pierde a alguien, uno también desaparece junto con esa persona. Desaparece esa parte de ti que encajaba con aquella persona y te quedas pensando en quién eres tú en realidad. Te quedas pensando en que a pesar de que eres capaz de recordar a ese ser querido, la persona que fuiste junto a esa persona ya no existe.