La puesta en funcionamiento de la Reforma ha revitalizado el debate y la reflexión sobre los aspectos pedagógicos y curriculares relacionados con los requerimientos educativos actuales. Como pasa siempre, las innovaciones llevan a nuevos planteamientos, estructuran nuevas relaciones y plantean nuevas formas de acción. La aparición del Proyecto Curricular de Centro (PCC) ha sido en este sentido un referente que está induciendo a los centros a replantear sus formas de acción y los fundamentos sobre los que se basa la acción pedagógica. Por un lado, el Proyecto Curricular de Centro aparece como una opción que se va a asumir a nivel del sistema educativo, de los centros y de los profesores. La determinación del nivel de autonomía que han de tener las instituciones, la delimitación de funciones que deben cumplir los centros educativos y la clarificación del papel que ha de ejecutar el profesorado son concreciones muy necesarias para la construcción curricular. Por otro lado, el Proyecto Curricular supone un compromiso institucional mediante el cual se explicitan los acuerdos que los diferentes profesionales de la educación asumen de una manera consensuada y coordinada. Se actúa así democráticamente al hacer público el conjunto de intenciones que emergen de la actividad de los centros, al mismo tiempo que se facilita el proceso de participación de los responsables y ejecutores de la actividad educativa.