Estamos convencidos de que la profesionalización y normas éticas pueden unirnos para combatir la charlatanería y los servicios de salud mental de baja calidad. De aquí que siga vigente la importancia de un proyecto para construir una Psicología científica y comprometida con la sociedad, la enseñanza del pasado nos dice que no se llega muy lejos al buscar posibles rasgos definitorios del carácter mexicano y que la creación de una Psicología propia implica atender los problemas de la realidad social, tanto en el nivel conceptual como práctico. La ciencia psicológica debe ser capaz de explicar a la vez la especificidad y la universalidad de los problemas del ser humano en México o en cualquier otra parte del mundo. En consecuencia, necesitamos una Psicología científica universal capaz de explicar y contribuir a la solución de problemas que afectan a nuestras diversas poblaciones, ya sea que estén integradas a la modernidad o marginadas del progreso, sean educadas o analfabetas, rurales o urbanas. Uno de los retos más importantes de la Psicología científica actual es contar con pautas de excelencia académica y estándares éticos de punta que rijan un mejor desempeño profesional. Necesitamos generar espacios de reflexión y análisis críticos donde se puedan evaluar los conocimientos teóricos, las estrategias técnicas y las características individuales de cada orientador psicológico, tales como su juicio profesional, su capacidad de empatía, su compromiso ético y su identidad profesional, entre otras.