Acercarse a la etimología de las palabras es un buen afán educativo, es horadar el entramado del pensamiento a la búsqueda de las raíces. Por edad, mis estudios universitarios aún estaban en la tradición de la madre tierra de nuestra cultura occidental, el latín y el griego, las lenguas de nuestro mundo clásico. In illo tempore, aún algunos profesores, no muchos, recurrían a tan sugerente y animoso conocimiento, de por sí holístico. Conocimiento que sabía a verdad, belleza y bondad. Pasados los tiempos se hizo lugar para otros saberes. Conectar hoy en la etimología significativa de las palabras, es un milagro, cuando lo he intentando en mis clases advertía una ambivalencia. De un lado, los alumnos carecían de anclajes cognitivos. Dificultad. De otro lado, se les notaba en la mirada cierta inquietud iluminada, como de quien ve algunas estrellas. Ánimo y alegría. Eso me llevó a hacer este documento. Espero que a todos nos sirva para lograr uno de los mejores efectos educativos: aprender a pensar desde la raíz de lo significado y potenciar el cuidado por la joya de nuestro espíritu, las palabras.