?Todos los niños deberían ir a Venecia, -decía el padre de Eugenia-, porque Venecia es u ciudad de cuento.? Inga-Karin y yo lo sabemos, tuvimos la suerte de conocerla cuando éramos jovencitas. Yo tenía 14 años cuando viajé por primera vez a Venecia con mi tío Ragr, mi tía Alice y mi primo Jan. Siempre que viajaba con mi padre, antes se documentaba ampliamente, así que acabábamos visitando todas y cada u de las iglesias y monumentos. Su hermano era exactamente igual. Tío Ragr también nos llevo ha ver todos los sitios más interesantes de Venecia mientras nos iba explicando sus maravillas. Recuerdo perfectamente el relato que nos hizo sobre los cuatro caballos de bronce de la galería que hay sobre el pórtico de la Basílica de San Marcos. Casi llegué a sentir que estaban vivos. Nos explicó cómo tenían que descolgarlos de allá arriba cada vez que había u guerra, para protegerlos, y nos contó que son tan antiguos que ni siquiera se sabe cuándo fueron hechos. En u de las cartas que escribí en aquellos días a mi familia, les contaba lo poco que me había gustado la enorme cantidad de cuadros del Museo de la Academia, y que, sin embargo, la comida era fantástica: espaguetis y pizza. La pizza era absolutamente desconocida en Suecia por aquella época. (1953) Nunca he olvidado aquel viaje. Todavía llevó al cuello el pequeño león de San Marcos, de plata, que compré yo misma con mis ahorros. Inga-Karin fue Venecia por primera vez con su madre y su hermano cuando tenia 16 años. Fue sólo un viaje de un día, pero para ella Venecia se convirtió en u extraordiria y a la vez dramática experiencia. Aquel día había tormenta y las olas resaltaban contra el borde de los cales y llegaban hasta las puertas de los edificios. Parecía que el agua fuese a tragarse toda la ciudad. De vuelta a casa, su madre escribió un articulo un articulo para el periódico local, e Inga - Karin hizo los dibujos. ¡Era la primera vez en vida que veía publicados sus dibujos !. Hemos echo juntas este libro contando con las vivencias que tuvimos entonces y con las de otros viajes posteriores. Seguramente, nunca se hubiera llevado a cabo si entonces no hubiésemos tenido la fortu de tener junto a nosotras a aquellas persos mayores que nos llevaron a ver esa magnifica ciudad cuando aun éramos niñas. Y aunque tu, lector o lectora, no puedas ir por el momento a Venecia, esperamos que te guste este relato del viaje de Eugenia. Tal vez te animes a ir mas adelante, solo o con tus hijos. Y aunque no tengas la suerte de tener un tío Ragner, como yo, de todas maneras este libro te mostrara las maravillas de Venecia.