El término apócrifo´, en su sentido etimológico, deriva del griego y significa ´cosa escondida´, siendo utilizado en el mundo antiguo para designar a los libros destinados al uso exclusivo de los iniciados en algún misterio. Entre los primeros cristianos se asoció con escritos cuyo autor era desconocido y que, aunque separados de la ortodoxia, se presentaban como sagrados. La mayor parte de los apócrifos presentados en esta obra tienen, sobre todo, un carácter evangélico y hablan con la misma autoridad de los evangelios canónicos. Muchos de ellos conservan en su lengua original, fundamentalmente griega, y en varias refundiciones del latín u otras lenguas orientales. Estos documentos son un tesoro literario único y constituyen la verdadera conexión entre la literatura hebraica del llamado Antiguo Testamento y la que, en torno a la figura mítica de Jesús, comenzaría a producirse en lengua griega y que llegaría a nosotros con el nombre de Nuevo Testamento. ´