Guadalupe Loaeza tiende puentes entre sus lectores y los políticos del país, invita a sus seguidores a entender a los prisitas, a los panistas ya los perredistas como seres humanos primero y como político después. En su percepción intimista de la política como organización de odios y afectos, importa cómo se viste un político, como duerme un político, con quien fue a la escuela y con se caso. Guadalupe Loaeza hace reír a carcajadas, revela, articulo por articulo, la vasta diferencia entre al política como la imaginamos y la política como es. No solo se ríe de los priistas, los invita a reírse de si mismo. Durante años ha utilizado su pluma como antídoto al autoitarismo. El PRI negó la democracia, pero Guadalupe Loaeza logró democratizar la hilaridad. Logró convertir el humor en un instrumento revolucionario, desestabilizador, contestatario. Le debemos haberse erigido como un amortiguador de los golpes propinados por el priismo,. Durante años ha invitado a sus seguidores a presenciar el espectáculo de la desintegración del PRI. Gracias a ella hemos aprendido a lanzar piedras como David y a pensar que podíamos ganarle a Goliat.