Mientras más tiempo dedica un artista a su práctica creativa, resulta más difícil generalizar sobre su trabajo, pues no sólo ´adopta posturas´ que pueden interpretarse como un inventario. Un artista responde a la vida y genera nuevas dimensiones para la experiencia humana. Es mejor pensar su práctica como una especie de morada.áEn el arte de Cecilia Vázquez encontramos un vocabulario de formas figurativas que palpitan con su pensamiento: flores vivas en la memoria, cuerdas que unen y conectan, mandalas sin principio o fin, joyería que revela una belleza dura, y carne viva. Sí, ésta es visceral, vulnerable, efímera, pero también conmovedora e íntima. Sus formas se despliegan en estratos de múltiples estilos. La artista ofrece variaciones de su trazo, entre ellas pasajes abruptos de marcas pictóricas, manchas, siluetas y descripciones refinadas. Su trabajo está marcado por vínculos históricos con otros pintores: los problemas de la forma y la luz, la tradición de la naturaleza muerta y la imaginería del vanitas. Vázquez consigue equilibrar una diversidad fluida, ricamente envuelta en significados potenciales. Nos hallamos siempre ante significados circunstanciales, y frente a la continuidad tanto como a la discontinuidad de sentido. De hecho, la oposición entre visión profunda y ceguera es siempre intensa en su arte.