Viajar, por encima de todo, es un placer para los sentidos. El descubrimiento de lo nuevo, la ratificación de que existen otros mundos paralelos a nuestra cotidianidad, invita a registrar los acontecimientos. Ejecutado con elegancia, el acto fotográfico es la manera más rápida y efectiva de conseguir una réplica, imperfecta, de los hallazgos que nos depara el viaje. Las imágenes no salen bien porque la realidad es inmensamente rica en matices. Descubrir el más apropiado entre tanta oferta, para transmitir sensaciones o sentimientos, nunca podrán hacerlo ni una cámara digital ergonómica, ni un auto-focus avanzado, ni el equipo fotográfico más caro del mundo. Para captar la vida con una fotografía no son precisas tecnologías avanzadas: sólo hay que tener la mente abierta y la mirada y el corazón prestos a reaccionar cuando confluyen las emociones, como decía Cartier-Breson.