En la historia de la mitología y la literatura occidentales, Frankenstein conforma un capítulo más de una larga historia en la que se concreta un fantasma muy antiguo: el de la maternidad masculina, expresión de la envidia que sentiría el hombre de las virtudes procreadoras de la mujer y que en términos psicoanalíticos sería el equivalente masculino a la femenina y freudiana envidia del pene.áYa desde la mitología griega, observamos dos tipos de procreación: la carnal derivada de la cópula, y la artificial, que no necesita cópula porque la creación en cuestión no pasa por el vientre de la hembra, no toca carne, toca otra materia: por ejemplo el metal.