Más que ponderar la imagen desde la contemplación la poesía de Padilla busca adentrarse en aquellas áreas del paisaje que resultan complejas, llenas ´de juncos muertos y de verde, casi negra / acechanza´; ofrece una visión del tiempo dinámica y a la vez desesperanzadora: ´troncos resecos: antes, torres donde vivían los pájaros´; la erosión descubre los rostros descarnados de la piedra y el oro -que en la marcha implacable es ´sólo flama´- la memoria lo convierte ´en humo o en silencio´. Como sucede a la esposa de Lot, los frutos del tiempo perecen reducidos a sal. Padilla va de la profusión a la brevedad, de la proliferación a la síntesis.