En el siglo XII el pueblo mongol vivía en el extremo oriental del desierto de Gobi. Eran tribus semisalvajes dispersas y con frecuentes conflictos internos. Hasta el siglo XI habían formado parte de los imperios turcos, pero durante el siglo XII recibieron la protección de los emperadores chinos a cambio de sus servicios militares.áEsta situación cambió durante la segunda mitad del siglo XII cuando surgió un líder guerrero, hijo de un jefe de tribu, llamado más tarde Gengis Kan, que logró unificar a las distintas tribus para pelear por un fin común. El resultado de la política conquistadora de este caudillo fue la creación de un enorme Imperio.áGengis Kan era considerado por su pueblo como un gran dirigente. Sus tropas lo admiraban y respetaban por su valor y astucia, y lo seguían fielmente a cualquier parte. Tenía la idea de conquistar el mundo entero, y aunque no lo conocía por completo, él confiaba en sus estrategias, en sus instrumentos de guerra y en la disciplina y el arrojo de sus hombres. La experiencia le había demostrado que eran capaces de lograrlo; pero la muerte vino a truncar sus anhelos de expansión.áLa grandeza del Kan como líder militar no sólo se debió a sus conquistas sino también a la excelente organización, disciplina y maniobrabilidad de sus ejércitos. Además, el dirigente mongol fue un admirable hombre de Estado; su Imperio estaba tan bien organizado que, según se decía, los viajeros podían ir desde un extremo a otro de sus dominios sin ningún tipo de temor o peligro. Sin embargo, mostró un salvajismo sin límites hacia sus rivales y enemigos, y utilizó el asesinato como arma habitual en sus conquistas. Las invasiones de Gengis Kan siguieron gozando de una gran importancia histórica mucho después de su muerte.