Los seres humanos solemos acodarnos de Dios principalmente cuando nos encontramos en problemas. Entonces nos desesperamos y rogamos impacientes una solución. Dios no actúa de la manera ni en el tiempo que nosotros proponemos; Él tiene planes perfectos para cada uno de nosotros pero, a veces, no coinciden con los nuestros.
La autora presenta, basada en su propia experiencia y en la de otras personas, una nueva forma de oración más libre y auténtica, lejos del tradicional ruego matizado de angustia y desespero. Orar mediante el agradecimiento abre un mundo de expectativas y posibilidades, al confiar plenamente en que Dios siempre obrará en dirección de aquello que más nos convenga. Demostrar a Dios nuestra confianza en él, agradeciendo de antemano cada una de sus bendiciones, pone en movimiento las fuerzas de sanación, afirma la vida y trae maravillosas sorpresas.