A menudo, y cada vez con mayor frecuencia, observamos en distintos foros de conversación y debate, públicos y privados, cómo los productos fitosanitarios son descalificados en virtud de razonamientos medioambientales poco fundamentados y obsoletos y, sobre todo, de un desconocimiento en lo relativo a sus propiedades, a sus beneficios y a los estudios de seguridad que cada uno de estos productos ha de demostrar previamente a su comercialización. Todo ello redunda en la formación de una percepción negativa del público en cuanto al uso de fitosanitarios en la producción de alimentos. Esto nos ha animado a tener esta pequeña sección desde la que queremos poder informar de distintos aspectos de los productos que son objeto de nuestra Guía Práctica, de modo que el factor de la falta de información no vaya en contra del uso de los fitosanitarios que, desde nuestro punto de vista y el de muchos otros, han hecho tanto por la agricultura y la mejor alimentación de todo el mundo. Los productos fitosanitarios son aquellos que, como su nombre indica, se utiliza con el fin de proporcionar salud a las plantas, controlando tanto los insectos perjudiciales para las mismas como las enfermedades y las malas hierbas. De este modo se consigue que los cultivos se desarrollen normalmente, en unas condiciones de menor competencia, dando lugar a frutos más uniformes, de mejor aspecto y a cosechas más abundantes que contribuyen a que las personas puedan obtener alimentos a precios asequibles así como a una mayor fijación de CO2 atmosférico y la necesidad de menos cantidad de suelo para alcanzar la producción necesaria para alimentar a la población.