En el siglo XIX, Nueva York creció rápidamente, convirtiéndose en importante ciudad portuaria. La facilidad de vegación impulsó la industria y el comercio, dando lugar a grandes fortus. En 1898, Manhattan se unió a otros cuatro distritos para formar la entonces segunda ciudad más grande del mundo. De 1800 a 1900, la población pasó de 79.216 a 3 millones de habitantes. Nueva York se convirtió en la meca de la cultura y el ocio de Estados Unidos, así como en su centro finciero.