Frente a cualquiera de las obras de este pintor singular, lo que atrae y fija nuestra atención es que se trata de u pintura que ce de la evidente voluntad del artista de no rendir el más mínimo margen de tributo a las reglas rebuscadas y a los principios de u retórica que se ha mantenido viva por culpa de la manera superficial y frívola como se suele hoy considerar a esa pintura y, en general, a las artes plásticas. La obra de Hervé Di Rosa ce porque sí porque el pintor la concibe como el igotable placer de dar forma y color a sus criaturas, a sus paisajes y hasta a sus objetos,sin pretender cosa distinta, que permanezcan presentes, auténticos y sin afectados circunloquis en la conciencia de quien entra en contacto con ellos. Es, y esto le da a su obra u virtud de permanencia, todo lo contrario a lo que la vacua frivolidad de la moder estética resolvió bautizar como << Arte conceptual >>. Para ejercer con plenitud y verdad esta manera de volver a vivir la pintura.