El territorio norteño del actual México ha sido desde tiempos anteriores a la existencia del propio país una zona de múltiples fronteras geográficas, culturales, económicas, políticas y demográficas, pero al mismo tiempo ha sido una zona de contacto, mestizaje, intercambio y coyunturas. Un espacio territorial heterogéneo cuyo común denominador ha sido su apropiación material y simbólica por el ser humano. El amplio norte y su franja fronteriza conforman una extraordinaria complejidad, no es una región sino muchas, tantas como la óptica del que la mira es capaz de descubrir o imaginar, lo cual no es raro si consideramos que las regiones son pretextos para explicar la realidad de un espacio determinado y sobre el que tenemos un interés especifico. Tan avasallante heterogeneidad dentro de una imaginada homogeneidad sólo es pensable si se atribuye una pretendida esencia norteña, misma que definiría a sus habitantes. En ese sentido se puede parafrasear a Edmundo O´Gorman y hablar de ´la invención del norte de México´. Sin embargo, la ´esencia´ es una categoría poco útil al historiador contemporáneo, quien se siente más cómodo al estudiar o explicar lo particular, lo específico. De ahí que a los ojos del historiador la historia del norte de México y su frontera es la de muchos nortes y de una frontera multidimensional. Lo anterior se ve reflejado en Historia, región y frontera norte de México el cual incluye estudios que abarcan desde la prehistoria y los primeros habitantes que ocuparon las márgenes del Río Bravo, pasando por la descripción del avance colonial español sobre el septentrión novohispano entre los siglos XVI y XVIII, por las complicadas prácticas de recaudación hacendaria y aduanera en la frontera norte durante las primeras décadas del México independiente y por las hábiles estrategias de desarrollo agroindustrial de los empresarios norteños del siglo XX, hasta llegar a las concepciones del siglo XX sobre la frontera y el ser fronterizo derivadas de los planteamientos de la historia cultural.