Hombre de poca fe demuestra que el amor es una triste y hermosa mentira, amamos fantasmas, imágenes de nuestra alma proyectadas en personas que nunca conoceremos. Con juramentos, pactos, traiciones, venganzas, tratamos de asir algo que no está en ningún sitio, los cuerpos y las palabras que sobreviven en nuestra memoria son también un invento, como el recuerdo que somos en quien cree amarnos. Alfonsina narra desde el silencio, reducida a su propia carne inmóvil. Paradójicamente accede a una cierta ubicuidad, un punto de vista donde reconoce que somos muertos amando a otros muertos. Mátame si me amas, porque te amo quiero morir en tus brazos y quiero que mueras por mí: son los bordes de un discurso amoroso dirigido sólo a quien se atreva a responderlo. La apacible melancolía del tono es aparente y necesaria, porque de otra manera sería insoportable el dolor y la furia de alguien que ha tocado conscientemente el entramado de su propio destino. Esta primera novela de Gilma Luque será una presencia constante en la literatura mexicana. Mario González Suárez