Eliseo Diego consideraba que u de las razones más legítimas para escribir un libro era no haberlo encontrado en ningu parte, por más que los buscara en muchos sitios diferentes. La no existencia de un título ´interesante´ se convertía en un reto, aunque no siempre lo asumiera como propio porque también pensaba que todo quehacer creativo debía partir de u ´necesidad´ íntima, estrictamente individual. Quizás por ese origen, su obra literaria tiene el doble valor de un hallazgo y de u confesión. Devoto de la gran poesía universal, en especial la inglesa y la española, Eliseo también fue amante d ella literatura para niños, la novela de caballería, las memoras de piratas y las tramas detectivescas, así que a die debería extrañar entonces que cada libro suyo nos recuerde u caja de pequeña cerradura donde alguien escondió la llave que la abre. Los ensayos reunidos en esta edición retratan los dos perfiles que quien fuera, sin duda, uno de los habaneros más queridos del siglo XX cubano: el del prosista riguroso y el del agudo lector que fue desde su tempra juventud. Todo libro es un mapa, leerlo es camirlo. Eliseo nos presenta a sus autores preferidos con gran familiaridad. Los conoce bien, dos trazos bastan y sobran para dibujarlos, al detalle, tres pincelazos ya pintan todo un mundo. Esos selector amigos lo han acompañado a lo largo de su vida, tal y como nos cuenta en los poco pero brillantes momentos en que se decide a hablarlos de él mismo. Leía Virginia Woolf, por ejemplo, cuando llegó la muerte. Releía ´Orlando´. La mirada, inteligente y perspicaz, es la de un caballero que sabe que la poesía nos ayuda a atender, ´como nos ayudan el silencio o el cariño´. ´La insondable sencillez´ de Eliseo Diego es uno de esos libros que mi padre tanto buscó en librerías viejas hasta que, por fin, decidió irlo escribiendo poco a poco, línea tras línea, con la paciente generosidad de quien redacta un testamento donde sólo habrá de heredarnos este tesoro que llamamos tiempo.