Se sabe que algus obras de Jan Vermeer, el famoso pintor holandés del siglo XVII, se extraviaron para siempre en los meandros de la historia. Escogiendo uno de estos cuadros perdidos como pieza central de la narración, la autora traza un itinerario desde el presente hasta el momento en que Vermeer concibió el óleo, que se convierte así en testigo directo de las historias de sus sucesivos propietarios. Desde un misterioso profesor de matemáticas que se niega a revelar cómo llegó a sus manos ese Vermeer de cuya autenticidad está convencido, pasando por un soldado alemán que, al ocupar la casa de u familia judía deportada, decide arriesgarse a no declarar a las autoridades esa pintura que tanto le fascina, cada capítulo nos introduce en mundos diferentes, a veces enternecedores, otras veces turbulentos, por los cuales el cuadro transita con el carácter intemporal propio del arte, emando esa sensación de inmortalidad que tanta felicidad procura a las persos capaces de apreciarlo.