El juego posee una magia propia. Parece improductivo pero, paradójicamente, ese poco de actividad sin propósito aparente resulta fundamental para todos los aspectos de la vida. Es una fuerza nacida de millones de años de evolución, esencial para nuestra sociabilidad, adaptabilidad, inteligencia y capacidad de resolver problemas. Estamos hechos para encontrar plenitud y crecer en creatividad, pero sólo a través del juego. Jugar no es sólo cosa de niños. Hacer sitio al juego en tu vida, volver a encontrar tu pasión y ponerla en práctica por el mero placer de hacerlo no sólo resulta esencial para el bienestar: es urgente para tu salud y tu felicidad.