KAKAW

KAKAW

$ 500.00
Pesos mexicanos (MXN)
Sin Existencia, informes favor de llamar
Editorial:
LIMUSA
Año de edición:
ISBN:
978-607-05-0284-2
Páginas:
155
$ 500.00
Pesos mexicanos (MXN)
Sin Existencia, informes favor de llamar

La planta del cacao, también conocida como árbol cacaotero, es originaria de Sudamérica. Algunos historiadores botánicos señalan que el lugar exacto de su procedencia es la cuenca del Amazonas, mientras que otros afirman que se trata de las llanuras del alto Orinoco, en los actuales territorios de Venezuela y Colombia. Este árbol produce flores diminutas que después de ser fecundadas se transforman en frutos de aspecto rugoso, de cuya pulpa se puede adivinar con cierta facilidad que se trata de algo comestible. Pero, ¿quién hubiera pensado que sus duras y oscuras semillas se convertirían en uno de los más codiciados manjares? En un principio, el cacao hizo uso de la curiosidad de los primates que habitan las selvas tropicales en donde naturalmente crece: los monos gustan de la dulce pulpa a la que nosotros llamamos mucílago, más no son de su agracio las amargas semillas, las cuales rechazan y devuelven a la tierra, completando así el ciclo reproductivo del árbol. Pero el cacao, no conforme con esto, hechizó también a los hombres con el sabor de sus frutos, sin saber que de esta manera aseguraría su presencia en la Tierra e incluso sería cultivado en otros continentes. Haciendo uso de la imaginación, se puede visualizar a los primeros habitantes de Centroamérica, los cuales, imitando a los animales que conocían el dulzor de su pulpa, abrieron y degustaron el contenido del exótico fruto. Como todo lo que produce el cacao tiene la propiedad de ser irresistible, posiblemente después de haberlo probado, los humanos comenzaron a buscar más y más frutos, incluso tal vez no pudieron esperar a que maduraran y cayeran solos, sino que decidieron trepar los árboles para cortarlos directamente con las manos. Quizá lo comieron tanto, que las semillas se acumularon en algún sitio y, puesto que éstas tienden naturalmente a fermentar, perdieron así gran parte, de su astringencia característica, resultando atractivas para algún curioso que bien pudo haber arrojado algunas de ellas a un fuego cercano: fue entonces cuando todos quedaron hipnotizados por ese exquisito aroma que hoy es tan familiar para el mundo. El resto de la historia presenta una serie de hipótesis y testimonios que, entrelazados, pueden ayudarnos a crear una idea de cómo un arbusto que crece ala sombra de otros árboles se convirtió en un importante cultivo, que a su vez fue parte fundamental del orden social mesoamericano, motivo de riñas y eternas batallas entre civilizaciones, objeto de lujuria y codicia para quienes lo probaban, un sistema monetario en sí mismo, un vehículo para la espiritualidad maya y la fascinación de todos los que alguna vez hemos suspirado gracias al chocolate.