El crítico Nick Kent compendia así su imagen en los años setenta: Era el gran lord Byron, era un demente, era un depravado y era peligroso conocerlo´. El aludido discrepa, otros insisten, y este libro viene a aclarar posibles malentendidos. Porque aquí se disipan varias nieblas (transfusiones, efusiones, agresiones, etc.) y se presentan finalmente los hechos que el foco de la leyenda había nublado: el uso y abuso de sustancias tonificantes o estupefacientes no adquiridas en farmacias, las variadas discrepancias con autoridades más o menos sanitarias, los encuentros, desencuentros y encontronazos con gendarmes de diferentes países, la empedernida coalición con Mick Jagger, los intermitentes, y a menudo explosivos, contubernios con personajes como Dylan, Lennon, Clapton, McCartney, Marley, Berry o Bowie, por citar a algunos de los más ruidosos, las afinidades electivas con sujetos de mucha cara o siniestra catadura, los amoríos pasajeros, las semanas de pasión... ´