La china poblana concentra en sí misma la esencia de la mexicanidad. Pero, ¿cómo se gestó esta figura? ¿Quién y cómo se decidió que representaría al género femenino nacional? Estas preguntas lógicas siempre surgen al enfrentarnos a un personaje tan cercano y familiar. ¿Qué niña mexicana no deseó vestirse de china poblana? Era importante sentir la larga enagua deslumbrante de lentejuelas que caía pesada al suelo, a cada paso. Las camisas bordadas de flores escandalosas, los collares de papelillo, el rebozo de bolita: los elementos del traje transportaban a esas niñas a una fantasía, pero no a una fantasía prestada, sino nuestra.áEste personaje que, desde las décadas de 1920 y 1930, aparecía en todas partes bailando con su charro -en cientos de anuncios, en pintura, en grabado, en teatros de revista, en el cine, etcétera- tiene muchos rostros y ninguno. No tiene edad, no sabemos cuándo nació, ni cuándo morirá. También su origen es impreciso, a pesar de que durante siglos ha atravesado nuestra historia sin ser perturbada, presumiendo con garbo su ostentosa y resplandeciente indumentaria. Su presencia ha salido de un montón de imágenes, leyendas, mitos, fantasías.áDos leyendas la han perseguido. La del siglo XVII, en donde hay quien asegura que la china poblana es una princesa de la India que fue raptada por corsarios portugueses y vendida en Filipinas a un militar poblano, quien la llevó a la Angelópolis, donde se convirtió en una visionaria fervorosa. La otra leyenda está protagonizada por las chinas poblanas o mujeres del pueblo que, en el siglo XIX, llamaron tanto la atención de los artistas extranjeros que las plasmaron en papel y en lienzos. Lo mismo sucedió a los escritores, quienes las retrataron resaltando sus múltiples cualidades. La primera -llamada Catarina de San Juan- y la segunda -que aparecía en las calles, plazas y mercados de muchas poblaciones en el siglo XIX- han sido vistas como las originarias de la china poblana actual, la mujer que nos representa a todos. ¿Cómo se da ese salto acrobático de dos siglos? ¿Y cómo finalmente se convierte en un símbolo nacional? Estas dos interrogantes, que desde hace tiempo giran en torno a estos trajes inundados de fantasía, son las que Artes de México trata de responder con esta edición.