A lo largo de la historia del pensamiento económico siempre ha estado presente el papel que la técnica juega en el progreso económico. Para Mill, la característica primera del progreso residía en el continuo y aparentemente ilimitado dominio del hombre sobre la naturaleza, un dominio que le llevaría a aumentar, de forma constante, la productividad del factor trabajo. El desarrollo que, para Schumper, consistía en romper el equilibrio preexistente, de forma que nunca pudiera volverse a la situación anterior, venía inducido por una serie de combinaciones productivas, entre las cuales podrían contarse las generadas por los descubrimientos científicos, unos descubrimiento a los que, en principio, no otorga excesivo peso específico pero que, más tarde, consideraría inherentes al desarrollo capitalista.