Basalla combate en él la imagen tópica del gran inventor -del individuo heroico que revoluciona el mundo con sus hallazgos innovadores- y nos propone una nueva manera de entender la historia de la técnica: una visión evolutiva, semejante en cierto modo a la de la evolución de los seres vivos, que sostienen que en cada momento hay una variedad de opciones diversas para resolver los problemas técnicos que se nos presentan, y que la sociedad escoge unas y margina otras de acuerdo con una serie de criterios, no solo económicos, sino también culturales, en un proceso que se desarrolla gradualmente, partiendo de la vieja tecnología existente.