LA FAMILIA BURRON 6

LA FAMILIA BURRON 6

$ 150.00
Pesos mexicanos (MXN)
Sin stock. Pedidos: Llame o Escribanos
Editorial:
PORRUA
Año de edición:
ISBN:
978-970-07-5651-6
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Después de que personalidades de la Secretaría de Educación Pública y Bellas Artes acordaron otorgarle a Gabriel Vargas > una beca para estudiar en Francia por ser una gran promesa artística, el joven recibió una gran alegría ya que nunca pensó que iría a estudiar al extranjero. Estos personajes le hicieron varias indicaciones a la mamá de Gabriel: saldría rumbo a Veracruz con una familia que viajaría a Europa, y que se encargaría de llevarlo a una institución que el gobierno mexicano sostiene en París para aquellos que descuellen en alguna actividad, pagando el gobierno tanto la estancia como los estudios que prosiga el becario en su actividad científica, artística o literaria. La señora Vargas, en lugar de salir de la Secretaría de Educación Pública contenta y feliz porque habían premiado a su hijo, se notaba triste, casi a punto de llorar. Al preguntarle Gabriel el porqué venía afligida, le dijo: ´porque he sido muy mala contigo al prohibirte que dibujaras, no quería que fueras ´pintamonos´, cometí una infamia contigo al no dejarte seguir con tu deseo de ser dibujante. Y ahora, qué grande satisfacción me has dado al ser premiado con una beca por tu gran talento, y ser una gran promesa de artista´. Cuando doña Josefina le prohibió a Gabriel que dibujara, mañosamente él y uno de sus hermanos mayores acordaron que cuando apagara su mamá la luz y se durmiera, él dibujaría debajo de la cama, utilizando la tenue luz de unas velas pegadas en un ladrillo. Por algún tiempo, Gabriel trabajó de ´contrabando´ debajo de la cama. Iniciaba sus labores después de las doce de la noche hasta las tres o cuatro de la mañana, tratando de terminar un dibujo de varios metros con más de dos mil personajes, sobre el Día del Tráfico, que le había solicitado don Evaristo Ruiz, director de la escuela primaria Rodolfo Menéndez. Un día, dominado por el sueño, se quedó dormido sobre su dibujo, por el calor, las velas se juntaron haciendo un enorme pabilo que llegó al colchón, quemándolo poco a poco hasta formar una gran boca de fuego. De pronto, su hermano Ramón, que dormía en la parte superior, pegó un tremendo grito, peor que el de la llorona, despertando a toda la familia. Al primer aullido de dolor de su hermano, Gabriel trató de levantarse pegándose en la solera de la cama, haciéndose tamaño chipote. La recámara se inundó de un asfixiante humo negro, que hizo toser a lo desesperado a toda la familia, sobre todo a Gabriel, que se revolcaba por la incontenible tos. Después de apagar el fuego, Gabriel recibió una enérgica reprimenda. Pero él nunca dejó de llevar adelante sus ilusiones, pues se iba a la Secretaría de Educación Pública, al departamento de dibujo y trabajos manuales, donde había algunas mesas en donde los empleados le permitieron practicar su arte, además, le regalaban pinceles y pinturas, como acuarelas y guach. Seguimos con la narración de nuestra historia. Las autoridades de educación le dijeron a doña Josefina de Vargas que para que su hijo pudiera salir del país, era necesario ver a un notario que diera fe de que Gabriel era huérfano de padre y que ella autorizaba que pudiera ausentarse de México para estudiar en el extranjero. Después de hacerle un interrogatorio al joven, así como a su mamá, el abogado al fin le entregó unos documentos que lo avalaban para que le pudieran dar un pasaporte en Relaciones Exteriores. Habiendo dado los primeros pasos para que Gabriel saliera del país, su madre siguió preparándolo según las recomendaciones de los personajes de educación: que llevara dos mudas de ropa, uno o dos trajecitos en un veliz pequeño que no fuera estorboso. Como su mamá no tenía los suficientes medios económicos, después de visitar varios almacenes, le compró un traje peludo que parecía panza de burro. Como algo extra y sin que se lo hubieran pedido, la señora le compró una vistosa cachucha que le cubría las orejas, para resistir el frío congelante de París. Ahora sí, tanto Gabriel como su madre caminaban felices por las calles, cargando las compras y haciendo comentarios de como cambiaría la vida del pequeño dibujante, quien conocería otros países, y nuevas amistades. Todos sus hermanos rodeaban y lo veían con curiosidad y además con tristeza, pues sabían que en pocas semanas se embarcaría al viejo continente y dejarían de verlo por algunos años. Mientras, su mamá lo consentía dándole ternura al pensar que se iría por mucho tiempo lejos de ella. Por su parte, él era feliz por haberle dado satisfacciones a su madre a tan temprana edad. Sus hermanos le hacían preguntas en ´francés´, idioma que ninguno de ellos conocía, pero que lo hacían con tanta gracia, que pasaban mucho tiempo riéndose de sus bromas. Los primeros días todo era alegría para Gabriel, estaba entusiasmado del viaje de estudios que realizaría. Compraba libros sobre Francia, los que comentaba con su madre y los hermanos. Era tanta la atención que ponía en ellos, que parecía que ya había vivido en ese país, pues conocía los nombres de las calles, museos, monumentos históricos, el río Sena, cafés, restaurantes y otros lugares. Pero al correr de los días, se iba poniendo triste, no comía, se le fue el sueño, pasaba horas con la vista clavada al techo, como buscando arañas. Al preguntarle su madre el porqué de su tristeza, el jovencito, haciendo ´buches´, le confesó que no quería ir a Francia, sólo quería trabajar en México para poderle ayudar, pues se daba cuenta de los apuros que ella pasaba para sostener el hogar. ´¡Perdóname, pero no voy a Francia, quiero permanecer a tu lado!´ Y fue la razón por la que Gabriel Vargas > no fue a estudiar al extranjero, se quedó en México haciendo una gran labor, que ha sido ampliamente reconocida.

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