En 1912, Pancho Villa, el legado caudillo revolucionario, pagó su lealtad al tambaléate gobierno de Francisco I. Madero con un intento de fusilamiento y una estancia en prisión que duró siete meses. Su caso puso en evidencia la maraña de intereses contradictorios que se movían en Chihuahua y en el resto del país, en el marco de una revolución que se había dado por finalizada sin haber alcanzado los cambios que las masas campesinas y populares todavía esperaban. El breve gobierno de Madero fue el dramático escenario en el que las fuerzas en pro y en contra de esos cambios se enzarzaron. Y en ese tiempo de ingobernalibilidad, la figura de Villa con sus claroscuros , adquiere indudable interés como ejemplo de la compleja interacción de un individuo con intereses y fuerzas históricas que lo sobrepasan y que, dadas las circunstancias, podrían destruirlo.á