La guerra perdida es un volumen breve compuesto por dos ensayos. En ellos, el autor realiza un repaso de los principales acontecimientos en materia de seguridad pública ocurridos en México a raíz de que el presidente Calderón decidiera emprender -a inicios de su mandato- una guerra contra el crimen organizado en el país. El libro desmantela y exhibe los propósitos con los que el discurso oficial ha intentado justificar la actual política de seguridad del gobierno. Tales propósitos quedan prontamente expuestos en su inconsistencia y falta de efectividad. A la luz de lo que el experto Edgardo Buseaglia ha denominado la paradoja del castigo esperado, Curtió argumenta que cuando la lucha contra el crimen organizado renuncia a obstaculizar la acción criminal utilizando medidas integrales de prevención social del crimen e incautación de los activos financieros de los criminales- concentrándose exclusivamente en la confiscación de armas y la detención física de personas (tal y como ocurre exactamente en México) el resultado es que a mayor aumento de sanciones policiales y militares contra los cárteles delictivos, más crece el incentivo para que éstos tiendan a canalizar mayor parte de sus recursos a corromper y capturar todas las esféras del Estado. Como consecuencia, las instituciones se feudalizan, volviéndose endebles y vulnerables. Siguiendo la investigación de Buscaglia en más de un centenar de países, y aportando datos duros que son del dominio público (como que la tasa de eficiencia punitiva sobre el total de detenidos acusados de delincuencia organizada es inferior al 2%), este volumen termina exhibiendo la guerra al crimen organizado como una gran farsa sanguinaria en la que los ciudadanos hemos quedado convertidos en simple carnada del Estado.