«La dignidad de la Historia escribió W. M. Thackeray disminuye tristemente a medida que vamos conociendo los materiales que la componen.» No es «la musa histórica, sino el valet de chambre de su señoría, para quien ningún hombre es un héroe», quien debe inspirar al novelista, y La historia de Henry Esmond es un buen ejemplo de ello.áEl período de la monarquía británica que cubre la novela del destronamiento de Jacobo II en 1690 hasta la coronación de Jorge I en 1714 es una época de conspiraciones dinásticas y de encarnizadas luchas como la Guerra de Sucesión española contra la hegemonía francesa en Europa. Y si la «imagen» que se pinta de estas batallas «ha de ser burda, crispada y salvaje», no menos realista será el retrato de sus generales, como el duque de Marlborough, o el de los ilustres hombres de letras, como Addison o Swift, que desde Londres las recrean. La implicación personal y la crítica cercanía del «autor» de estas memorias convierten, sin embargo, su experiencia en algo más que un testimonio: en la irónica historia de un hombre que, puesto al servicio de la Historia, habrá de deponer una a una sus primeras lealtades al catolicismo, a los Estuardo, a los tories, a la hermosa Beatrix que guía sus actos y sus sueños en su camino hacia una especie de desesperada serenidad.áEl resultado es una obra extrañamente melancólica, con un espíritu muy moderno, rica en tensiones, angustias y errores: una «novela sin héroe» como La feria de las vanidades, que Charlotte Bronté encontró «admirable y odiosa» y George Eliot «el libro más incómodo que cabe imaginar», y que ahora se ofrece, en rigurosa traducción de Ana Pinto, por primera vez íntegra en español.