Debió ser un privilegio pertenecer a la generación forjadora del federalismo en México, una generación de hombres libres, enmarcados en un siglo XIX, en donde la sangre, el sudor y las lágrimas del pueblo mexicano, fueron el precio que se debió pagar para obtener la libertad. Nunca antes recayó el peso de una nación entera, en tan solo un puñado de hombres qué, gracias a su profunda ilustración, tuvieron el mérito indiscutible de orientar por vez primera, en ejercicio de su soberanía, el rumbo del país. Hombres ilustres e insignes mexicanos que forjaron nuestra patria en un momento histórico abrumador, al encontrarnos en ´un estado natural´, para adoptar la forma de gobierno que más nos conviniese. Y ese fue precisamente el triunfo del constituyente de 1824, que en un territorio de más de cinco millones de kilómetros cuadrados, con pocos millones de habitantes para tan vastos territorios, bajo la sombra del completo analfabetismo y los sangrientos episodios independientes, haber tomado una decisión tan trascendental mediante arduos debates legislativos, que por si fuese poco, se vieron envueltos en posturas totalmente antagónicas sobre la forma de gobierno que debíamos adoptar. Pero que dieron a nuestra patria, el triunfo de la intelectualidad sobre la sin razón y particularmente, sobre las armas, y ese triunfo se llamó ´federalismo´, concretizado en la ´República Federal Mexicana´