El conjunto de relatos que presenta este volumen no pertenece sólo a un género literario. Se trata de cuentos multigenéricos, con una amplia variedad de ritmos, temáticas y tratamientos. Tienen lugar en el México de nuestros días, pero podrían haber ocurrido en la Exopotamia de Boris Vian. La unidad de estilo es sostenida por la obsesión satírica de Juan Nuño López, un autor desprejuiciado que crea secuencias de imágenes de insólita sensualidad, y pone en tela de juicio todo intento moralizante acerca de la conducta y las ideas de sus protagonistas. Las narraciones bordean los lindes de lo fantástico, y se observa el gusto por la provocación que no es un acto gratuito, sino el camino más breve entre lo socialmente aceptable y la exhibición de las íntimas turbiedades y la bellaquería rampante. El sentido del humor campea en estas páginas, tan dulce y ameno como ríspido y feroz. El autor cree en el espíritu de la delicadeza y en el monstruo de la seducción falaz. Hay hombres que se presentan como hechiceros grotescos ante chicas ingenuas que se adueña del alma masculina, y homicidas que se flagelan murmurando ironías. La galería de personajes incluyen a sabios filólogos, jinetes del desierto, sádicos contenidos, damas brillantísimas, víboras que resucitan, ratas de elegantes modales, cándidos siniestros, estrellas del infracine, y hasta el maestro Humberto Batis en sus contactos con el bajo mundo. Se crean aquí fronteras móviles que limitan y permiten lo deseable y lo punible. La ley secreta es un ejercicio de irrealismo emotivo, dónde en un cerrar de ojos, lo despiadado se convierte en generoso y la más cruel ironía en erotismo desbocados. Es deseable que los lectores excesivamente pacatos no se acerquen a estas páginas. Los demás ¡bienvenidos al guatreque!