David Menasche adoraba su trabajo de profesor. Su entusiasmo inspiró a sus estudiantes, a los que transmitió su amor por la literatura y con los que forjó vínculos que se extendían más allá de las aulas.áCuando un tumor cerebral le arrebató la memoria, la visión y la capacidad de enseñar, decidió recorrer los Estados Unidos para reencontrarse con las personas que tanto habían enriquecido sus quince años de enseñanza: sus alumnos.áEl relato de su viaje deviene el testimonio vivo y palpitante de un profesor que, a pocos pasos del horizonte, recupera uno de sus recursos pedagógicos favoritos, la lista de prioridades, para demostrarnos que lo verdaderamente importante es la huella que dejamos en los demás.á