Rilke afirma que cuando se tiene la necesidad imperiosa de escribir un poema, el poeta no puede dormir, se lavanta por la noche, agitado, y traduce a palabras los sentimientos que lo agobian. Se trata, como es evidente, de una disposición o de una actitud poética. Tal vez, en unos cuantos momentos de prodigio, esa actitud poética se transforma en un verso admirable que toca en su centro el corazón de los hombres. Celebro, en los poemas que ahora nos ofrece Alejandro Montaño, esta renovada actitud poética que aquí se expresa en un conjunto de vivencias memorables.