Mario Meléndez es el timonel mirando los recuerdos de su pueblo poco antes de partir, el niño que juega con la espuma de los mares desahuciados, confiesa: no soy, no estoy. no pertenezco. Es cierto, ahora mismo las vivencias son otras y los latidos distintos, es un respirar nuevo, una deuda de la que ha dicho: ´En ningún otro lugar hubiera podido escribir La muerte tiene los días contados. La idea me habitaba, pero no fue sino hasta llegar a México. donde encontré el tono pálido de lo que buscaba.´ Sabedor del oficio. talla con paciencia el verso, con bondad pule el lenguaje, conoce el valor del entendimiento, una palabra puede confundirlo todo. puede romper el ritmo, dificultar el emparentamiento, por eso encuentra cuando los días pasan y el verbo. el adjetivo, o el sustantivo, no llegan, espera, sabe que esperar es la madre de todas las impaciencias. sabia, abundante consejera que abre la puerta y ofrece el sentir. el padecer, el mañana porque el hoy, es ya demasiado tarde, y ayer la metáfora partió de madrugada.