LA OCTAVA MARAVILLA Y SIN SEGUNDO MILAGRO DE MÉXICO, PERPETUADO EN LAS ROSAS DE GUADALUPE Y ESCRITO

LA OCTAVA MARAVILLA Y SIN SEGUNDO MILAGRO DE MÉXICO, PERPETUADO EN LAS ROSAS DE GUADALUPE Y ESCRITO

$ 440.00
Pesos mexicanos (MXN)
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Editorial:
FONDO DE CULTURA ECONOMICA (FCE)
Año de edición:
ISBN:
978-607-16-0788-1
Páginas:
615
Colección:
BIBLIOTECA AMERICANA
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Si bien las expresiones populares han dominado las muchas y muy diversas formas de manifestación del fervor guadalupano a lo largo de sus más de 450 años de existencia, éste también ha sido enriquecido por creaciones artísticas ´cultas´ que, en el caso de la poesía, se remontan al siglo XVI y cuentan entre sus cultivadores con poetas de la altura de Luis Sandoval Zapata (1618-1671) y Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700). Pero es el jesuita Francisco de Castro quien ha alcanzado las mayores alturas líricas en el tema guadalupano. Exaltado en un soneto por Sor Juana Inés de la Cruz, su extenso poema, de 254 octavas repartidas en cinco cantos, ´La octava Maravilla´ y sin segundo milagro de México (¿1668?) es una de las más exuberantes joyas de la poesía barroca mexicana. Se inspira en la poesía de Luis de Góngora, sin pretender ser una copia de la poesía del cordobés -según enfatizaron Alfonso Reyes y Alfonso Méndez Plancarte-, sino una obra con características y valores propios. Como la de Góngora, la poesía de Francisco de Castro alcanza una sinuosa belleza en virtud, sobre todo, del uso extremo del hipérbaton y de la adjetivación, la presencia de cultismos y metáforas complejas, lo mismo que el empleo de acepciones poco conocidas de algunos términos. Oscuridad que termina por convertirse en fuente de luminosidad, en el espacio donde logra entreverse el milagro de la aparición, para celebrar la grandeza de la ´rosa mexicana´, de la virgen morena: ´la octava Maravilla´. En este poema se reconoce, acaso por vez primera, la belleza de la raza indígena mediante la expresión de un profundo amor hacia su protectora. ´La octava Maravilla´ se publicó íntegramente por primera y única vez en 1729. Son muy pocos los ejemplares que de aquella edición se conservan, por lo que el poema estaba en riesgo de perderse. Si bien Alfonso Méndez Plancarte difundió algunas de sus estrofas en la primera mitad del siglo XX, la presente es la primera ocasión en que la obra completa vuelve a ver la luz desde la publicación de aquella rara edición príncipe, de la que aquí se ofrece una reproducción facsimilar. Con la publicación de esta obra, oficiosamente preparada por el doctor Alberto Pérez- Amador Adam -una de las autoridades más reconocidas en la materia-, el FCE continúa los esfuerzos de Alfonso Reyes y Méndez Plancarte, entre otros, por restituirle al jesuita el lugar preeminente que se merece dentro de las letras mexicanas.