De la gestión de la clase a la de los sistemas escolares, pasando por cursos, ciclos y centros educativos, el trabajo de maestros y alumnos está condicionado por un conjunto de estructuras, normas y prácticas que ordenan el espacio y el tiempo de la enseñanza. Podría decirse que organizar el trabajo -el propio o el de los demás- es un trabajo en sí mismo, una práctica pedagógica sobre la que reflexionar y sobre la cual incidir. Esta obra se sitúa en la intersección entre teorías del aprendizaje, de la relación con el saber y de las relaciones de poder en las instituciones educativas. Trata de evidenciar las concepciones y las prácticas de la organización del trabajo escolar -dentro y fuera del aula- teniendo en cuenta la historia de la escuela, la realidad actual o incluso perspectivas, prácticas y herramientas emergentes. Este libro tiene por objetivo mostrar cómo se organiza el trabajo escolar, cómo y quién lo predeterminan, bajo qué condiciones puede transformarse y cómo condiciona, en último término, la relación que establece el alumno con el saber que la escuela debe transmitirle. Cada aportación se ha redactado con una clara voluntad de ofrecer al lector recursos útiles y claves de comprensión de un problema antiguo que constantemente se retoma: cómo superar la simple gestión de los flujos y la complejidad y considerar la organización del trabajo una oportunidad de repensar la escuela, sus ambiciones, sus finalidades.