Lo que Blumenberg empezó a llamar a partir de 1979 la teoría de lo inconcebible se tradujo en una tarea de rastreo de aquellos elemento no conceptuales en el proceso mismo de las configuraciones teórica. Lo inconcebible aparece como una magnitud inmanente del lenguaje filosófico. Tal vez una filosofía como la suya no pueda contestar las grandes preguntas de la tradición filosófica, pero tampoco se ha ahorrado la inquietud que motiva esas interrogaciones. En cualquier caso, ya es una cierta respuesta sostener que no es posible hacer frente a esas cuestiones con exactitud. Algo parecido le ocurre a quien, se adentra en la obra de este autor.