Se ha escrito mucho sobre la Revolución Mexicana, lo han hecho sus generales, sus ideólogos, sus víctimas, la prensa, y estudiosos mexicanos y extranjeros. Se conocen muchos documentos originales, planes, pronunciamientos, cartas de los participantes, relatos de los sobrevivientes, crónicas de las batallas, de las intrigas, de los asesinatos y de las traiciones que sucedieron. Se sigue investigando sobre sus orígenes, sus causas y sus actores, y poco se ha escrito de sus consecuencias, pues como contestó Mao cuando le preguntaron sobre los efectos de la Revolución Francesa dijo: Es demasiado pronto para saberloö.áComo en toda lucha donde hay vencedores y vencidos, pasiones e ideología, mucho de lo que se ha dicho es contradictorio; hay cosas de las que es imposible conocer la verdad. Estudiar a fondo la Revolución Mexicana puede crear una enorme confusión por tanta y tan variada documentación a nuestro alcance. Nuestra educación desde niños nos ha transmitido la idea de que en nuestra historia hay buenos y malos, se han puesto la ideología y los objetivos de poder por encima del verdadero interés en conocer la historia. Se han distorsionado u ocultado muchas de las acciones de los revolucionarios, y a pesar de haber muerto todos sus líderes, sigue habiendo interés por parte de ciertos grupos en que no se conozca la verdad, se han inventado historias para justificar lo injustificable y se han hecho leyendas, corridos y canciones para enaltecer a algunos cabecillas.