Una cierta sonrisa se traza en los textos más conceptuales que anecdóticos, un misterio, una inquietud conmueve y perturba al lector frente a las novelas expuestas: La obediencia nocturna, de Juan Vicente Melo, El libro de Juan García Ponce y El hipogeo secreto de Salvador Elizondo, conservan el efecto estético que se califica aquí de seducción originaria. Los trayectos de lectura, la errancia a través de las imágenes que identifican una manera distinta de concebir la ficción, se relacionan con un itinerario personal, pero se ofrecen a los lectores curiosos que se interrogan ante este tipo de objetos en donde el erotismo no es más que el resplandor que nos atrae a los objetos. Este libro intenta promover una pasión que insiste en la interrogación suspendida, en el silencio de un enigma que se pretende impenetrable.