Había empezado la guerra, llegué a Ginebra con el recuerdo de mi amiga Sonia muy adentro de mis sentimientos. Ella había ido a Alemania para ayudar a salvar a los judíos. Con tristeza di mis primeros pasos en mi nueva misión, uno de mis contactos era miembro de una organización criminal y mi trabajo de infiltrado consistía en conseguir los nombres, domicilios, ramificaciones de la organización y sus nexos. La misión más importante era investigar si Suiza estaba a punto de ser invadida para tomar la Ligne Maginot por la retaguardia.