Sin importar la edad, el sexo o estatus, todos podemos vivir como si la muerte no fuera real, como si la mejor parte de nosotros, fuera inmortal e ilimitada... esto es el corazón mismo de la distracción: una incapacidad de confrontar nuestra situación básica de humanidad. Con estas palabras Damon Young hace una profunda reflexión sobre la libertad y la importancia de percatarse que podemos desperdiciarla y perderla de la forma más común desde que el hombre razona: la distracción. Para este fin, El lado B de la distracción examina las vidas de los artistas, los estudiosos y hombres de Estado, cuyas luchas han contribuido a esfumar la distracción de la humanidad con su obra. Desde los pulidos lentes de Spinoza, a las anteojeras artísticas de Heidegger, o las amorosas epifanías de Henry James, en suma: los éxitos y fracasos puestos en perspectiva que los iluminaron e inspiraron en la búsqueda de lo valioso durante su existencia. El premio es la misma cosa por la que debemos luchar siempre: la libertad.