Ante la complejidad y riqueza de detalles de una lámina de cómic, podríamos conformarnos con admirar la habilidad del dibujante y pensar que no sería imposible realizar algo parecido. Nosotros, en cambio, estamos convencidos de que con un poco de ejercicio y algunos conocimientos básicos todos podemos transformarnos en hábiles dibujantes. Hay que hacer un recorrido al revés partiendo del dibujo completo, para ir descubriendo una a una las distintas fases de construcción. Para acompañarnos en este viaje y para desvelaros los secretos del dibujo de cómics, eliminando la fama de inaccesible que lo acompaña, hemos proyectado para vosotros tres vólumenes que, partiendo de formas simples (los garabatos isn ir más lejos) llegan a tratar la figura convietiendola en una historia. En este primer volumen la atención se centra en el personaje en sí, visto primero en cada una de sus partes, aspecto para que se revelan útiles nuestros conocimientos en campode anatomía, y posteriormente en su totalidad. En particular, en este primer vólumen, hemos tomado en consideración el personaje en sus aspectos humorísiticos y grotescos. Algunos de los simpáticos personajes del presente vólumen aparecerán en el segundo, inserídos dentro de una historieta y, por lo tanto, serán estudiados en relación al ambiente, en plena libertad de movimiento. El tercer vólumen, que complementa los dos primeros, está también dedicado a la realización de cómics pero, a diferencia del segundo, examina motivos diferentes, de carácter realista, apropiados para un público más maduro. El Trazo > Si examinamos con mayor atención los garabatos que trazamos sobre una hoja de papel mientras estamos escuchando a alguien que habla o nos llama por teléfono e intentamos darles un sentido y una interpretación, nosa damos cuenta de que cada uno de nosotros podría ser un buen ilustrador, capaz de plasmar sobre el papel imágenes y fantasías mejor que un artista aunque tal vez no se consciente de ello. Está claro que es necesario ejercitarse en el esbozo y familiarizarse con el lápiz. Aconsejamos usar uno con mína de grduación HB > y empezar realizando signos curvilíneos de arriba a abajo haciendo palanca sobre la muñeca, como si la mano fuera un compás. El trazo debe resultar preciso, continuo y seguro y al mismo tiempo ligero y fíno,por lo que hay que realizarlo con una cierta velocidad. A los primeros intentos el signo puede ser un poco flúido y mostrar incertezas o incluso interrupciones, pero no por ello debemos desanimarnos. Se trata de un ejecicio fundamental, que hay que repetir varias veces, sin cansarse, hasta conseguir el mejor resultado. Este ejercicio puede realizarse recurriendo también a otros instrumentos de trabajo, como la pluma > y el píncel >, que naturalmente, dadas sus caracterisiticas especifícas, dan lugar a efectos distintos. Con la pluma, un instrumento metálico, obtenemos un trazo duro y seco que cambia de espesor según la presión que ejercemos sobre la plumilla, mientras con el píncel la línea gana en fluidez y suavidad y puede ser regulada mediante la presión sobre la hoja o la inclinación del instrumento.