El ensayo, que lleva ya muchos años confundido entre el rigor de la academia y la prisa del maquinazo, vuelve en este libro a ser lo que era: meditaciones dispersas, elásticas, breves, con las que el autor da un rodeo para dibujar su retrato. Esbozos de un libro que no se decide a comenzar, digresiones que no tienen la menor intención de concluir, a cada párrafo uno es testigo de la retorcida compasión que cabe dentro de la burla de uno mismo.áAnte el incesante acoso de las vidas excepcionales, de los alardes disfrazados de biografía, queda el refugio de la autoexploración modesta, de las manías comentadas con desenfado y escarnio. En Las encías de la azafata, José Israel Carranza retoma el arte en desuso de poner la pluma en la llaga y exponerse, no en busca de una extendida pedagogía, sino del deleite verbal que implica dar a las obsesiones propias el lugar que se merecen.áDesde la complicidad del jugador de billar enamorado de su taco hasta el estira y afloja del fumador convencido de su vicio; desde la voz de la Pantera Rosa hasta las notas de un diario que no se resuelven en obra terminada, Las encías de la azafata es un ejemplo de cómo la introspección puede ser una actividad de lo más extrovertida.