El consumo de energía se ha incrementado de forma espectacular con el paso del tiempo, pero alcanza niveles probablemente excesivos en algunas regiones del planeta como consecuencia de la industrialización y de haberse elevado el nivel de vida. La relación entre el consumo energético y el bienestar humano es evidente, pero también lo es el hecho de que existe al respecto una distribución muy desigual y los importantes impactos de carácter medioambiental que el consumo y la producción de energía provocan. La agresión al medio, el despilfarro energético y el previsible agotamiento de algunos recursos centran la mayor parte de las deliberaciones que en torno a este tema se están produciendo en los últimos tiempos. En efecto. la energía ha logrado despertar las más variadas posturas, no ya en el exclusivo marco científico y técnico, como en momentos anteriores, sino en toda la sociedad en su conjunto. La importancia económica del sector energético es indudable, pero también social por la creciente toma de conciencia ecológica, las desigualdades que manifiesta el consumo actual de energía y la consideración de que ésta es crucial para la satisfacción de las necesidades vitales. Por estas razones, la cuestión energética, puesta de manifiesto de forma alarmante con las crisis de los años setenta, se ha convertido en un tema de gran importancia y actualidad y no son pocas las reflexiones que se han llevado a cabo en torno al grado de incertidumbre que plantea el suministro energético en el futuro.