No hay unimidad sobre el autor de esta obra, pero sí sobre su valor literario, sociológico y documental. Considerada como el precedente de la novela picaresca, la obra es un reflejo vivo y caricaturesco de la sociedad española de la época.
Lázaro, actor y observador de los acontecimientos, describe con humor y soltura la realidad.
La segunda parte de Lazarillo de Tormes es de Juan de Luna.
El estudio crítico del profesor Alci Franch sitúa al lector en condiciones inmejorables para saborear ambos textos.
Al final de la obra se inserta un breve vocabulario con las voces más desusadas.