Tiberio no es un fantasma cualquiera; es un fantasma muy especial. Aunque no lo creas, le teme a los ratones. En una ocasión, huyendo de ellos, llegó al sótano de una casa. Ahí decidió asustar sólo a sus habitantes adultos en pleno día. Luego, durante un eclipse conoció a unos niños, quienes le ayudaron a superar su miedo, y a darse cuenta que él era un fantasma niño. El reconocimiento de la identidad propia es una de las mejores herramientas para el crecimiento de un niño.