Cualquier organización -desde la unidad familiar a la más compleja de las empresas- precisa cambiar para sobrevivir, debe ser capaz de evolucionar y adaptarse a las nuevas circunstancias que marcan el ritmo del mundo de hoy.
No hay que temer el cambio. Las empresas cambian de tamaño y ubicación, de personal y de objetivos, y a pesar de todo ello siguen siendo las mismas. Cuanto más tiempo lleve establecida una empresa, más transformaciones habrá experimentado, y, paradójicamente, más estable resultará ser, pues la evolución confiere estabilidad.
¿Qué papel se asigna al líder en este proceso de cambio? Quizás el del innovador que aporte las ideas; tal vez el del patrocinador de esas nuevas ideas... Lo que está claro es que el líder ha de partir la fuerza capaz de crear la cultura adecuada donde puedan florecer la innovación y la diferencia.