Después de casi treinta años de su muerte, el nombre de Felipe Teixidor (Villanueva y Geltrú, 1895-ciudad de México, 1980) acaso resulte familiar sólo para unos pocos: aquellos que disfrutaron su amistad y hospitalidad exquisitas, compartieron con él inquietudes y quehaceres editoriales, o acudieron a consultar la magnífica biblioteca ,o más bien, alguna de las varias bibliotecas? que reunió con sabiduría y compartió siempre con generosidad. Sin embargo, su paso por la vida y la cultura del siglo xx, aunque silencioso y comedido como fue él mismo, transcurrió por muy diversos caminos: el descubrimiento azorado de ese México al que arribó en 1919 y que más tarde hizo definitivamente suyo, el ambiente del teatro frívolo de los años veinte, la administración pública en plena era de reconstrucción posrevolucionaria, la pasión por los viajes y el hallazgo de antiguallas, la añoranza de su tierra y su lengua catalanas, el coleccionismo de fotografías en una época en que nadie daba un quinto por ellas, el disfrute del humor inteligente, el dato curioso y la buena mesa en grata compañía, y la impronta que marcaron sus orígenes en la Europa de entre siglos. Tal vez muchas generaciones de lectores mexicadeban a su amor inquebrantable por la letra impresa vocación innata de editor su primer contacto con las grandes obras de la literatura universal. te libro recoge las impresiones memoriosas fue, a los ochenta y tres años, aún podía vida y hablar con entusiasmo juvenil el de la riqueza intangrible de México